Tu pie también envejece: ¿qué tiene que ver con las caídas?

¿Cuántas veces has escuchado que una persona mayor estaba perfectamente hasta que sufrió una caída?

Y es que, muchas veces, el problema no termina en una fractura o una lesión. Después aparece algo que puede resultar igual de limitante: el miedo a volver a caerse.

Ese miedo puede hacer que una persona salga menos, camine menos y vaya abandonando actividades que antes formaban parte de su vida.

Precisamente de esto hablamos en REVITALÍZATE Pilas 2026, durante una jornada dedicada a la salud y al envejecimiento activo.

Y lanzamos una pregunta que merece la pena hacerse:

¿Qué papel tienen nuestros pies en todo esto?

Detailed black and white image of elderly person's feet, showcasing wrinkles and texture.

El equilibrio también empieza en los pies

Mantenernos de pie parece algo sencillo. Sin embargo, nuestro organismo está realizando continuamente pequeños ajustes para evitar que perdamos el equilibrio.

Para conseguirlo, necesitamos que diferentes sistemas trabajen coordinadamente: la visión, el sistema vestibular, el cerebro, la musculatura y la información que recibimos de nuestro entorno.

Y aquí entran en juego los pies.

La planta del pie contiene receptores sensoriales que nos ayudan a detectar cómo estamos contactando con el suelo. Además, los músculos y las articulaciones del pie y tobillo participan en nuestra capacidad para adaptar la postura y responder al movimiento.

Dicho de forma sencilla: nuestros pies no son solamente la base sobre la que caminamos. También forman parte del sistema que nos ayuda a mantener el equilibrio.

¿Qué ocurre con nuestros pies cuando envejecemos?

Hay algo que solemos olvidar: no solamente envejece nuestra cara o nuestra espalda. Nuestros pies también experimentan cambios.

Con la edad pueden aparecer alteraciones que afectan a su funcionamiento:

  • Menor sensibilidad plantar: puede dificultar la percepción de determinadas características del apoyo.
  • Pérdida de fuerza muscular: los dedos y el tobillo pueden tener menos capacidad para generar fuerza y responder ante determinadas situaciones.
  • Dolor y limitaciones de movilidad: pueden modificar la manera de apoyar y caminar.
  • Deformidades y problemas de salud: determinadas enfermedades, como las neuropatías, también pueden influir en la sensibilidad y la función del pie.

¿Significa esto que tener alguno de estos problemas vaya a provocar una caída?

No. Las caídas son multifactoriales y dependen de numerosos elementos.

Sin embargo, una revisión científica publicada en 2026, que reunió 14 estudios prospectivos, encontró asociaciones entre futuras caídas y factores como el dolor de pie, la alteración de la sensibilidad plantar y una menor fuerza de los músculos flexores de los dedos.

Es decir, hay características del pie que merece la pena valorar cuando hablamos de riesgo de caídas.

Tu pie tiene músculos. Y también puedes entrenarlos.

Aquí viene la parte que más me interesa.

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Envejecer es inevitable, pero eso no significa que debamos resignarnos a perder toda nuestra capacidad física.

Los pies contienen músculos que ayudan a controlar los dedos, sostener activamente sus estructuras y adaptarse a las exigencias del movimiento.

Al igual que trabajamos la fuerza de nuestras piernas, también podemos entrenar determinados componentes de la función del pie y tobillo.

Los programas de ejercicios específicos pueden mejorar algunas medidas de fuerza, movilidad y equilibrio en personas mayores.

Eso sí, conviene aclarar algo: mejorar el equilibrio con ejercicios del pie no significa que esos ejercicios, por sí solos, hayan demostrado evitar las caídas.

La prevención de caídas requiere una estrategia más amplia que incluya equilibrio, fuerza, valoración de factores de riesgo y adaptación de las actividades a cada persona.

Tres aspectos que podemos empezar a cuidar

1. Mantenernos activos y entrenar la fuerza

Levantarnos de una silla, caminar, subir escalones o realizar ejercicios adaptados a nuestras capacidades contribuye a mantener la función física. El entrenamiento del equilibrio también ocupa un lugar fundamental.

2. Prestar atención a nuestros pies

El dolor persistente, los cambios de sensibilidad, la dificultad para mover los dedos o los problemas al caminar no deberían considerarse automáticamente consecuencias inevitables de la edad.

Una valoración clínica puede ayudar a identificar qué está ocurriendo.

3. Revisar el calzado

Un zapato que no sujeta correctamente el pie, se desliza o resulta incómodo puede dificultar determinadas actividades.

La elección del calzado debe tener en cuenta las características del pie, la capacidad de movimiento, la sensibilidad y las necesidades de cada persona.

¿Y qué podemos hacer desde la podología?

La podología no consiste únicamente en tratar uñas, durezas o fabricar plantillas.

También podemos valorar aspectos relacionados con la salud y la función del pie, como la sensibilidad, la movilidad, la fuerza, el dolor, la marcha y el calzado.

A partir de ahí, algunas personas pueden beneficiarse de ejercicios, otras de modificaciones en el calzado, tratamientos podológicos u ortesis cuando están indicadas.

No todos necesitan plantillas. No todos necesitan el mismo ejercicio. Y, desde luego, no todos necesitan el mismo zapato.

Lo importante es identificar qué necesita cada persona y, cuando corresponde, trabajar de forma coordinada con otros profesionales sanitarios.

Queremos pies capaces, no pies eternamente jóvenes

El objetivo no es que una persona de 80 años tenga los pies de alguien de 20.

El objetivo es que conserve la mayor capacidad posible para caminar, salir de casa, relacionarse y seguir haciendo las cosas que disfruta.

Porque cuidar nuestros pies también es cuidar nuestra independencia.

Y, como recordamos en REVITALÍZATE, se trata de seguir moviéndonos y, en la medida de lo posible, evitar tocar el suelo con lo que no nos corresponde.


Recupera nuestra intervención en REVITALÍZATE Pilas 2026

En esta ponencia hablamos sobre el envejecimiento del pie, el equilibrio y el papel de la podología en la valoración de factores relacionados con las caídas.

Referencias científicas

  1. Valeriani S. et al. (2026). Foot and Ankle Risk Factors for Future Falls in Older Adults: A Systematic Review With Meta-Analysis of Prospective Cohort Studies. Health Science Reports. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42602166/
  2. Liang S.G. et al. (2025). The Effects of Ankle and Foot Exercises on Ankle Strength, Balance, and Falls in Older People: A Systematic Review and Meta-Analysis. Physical Therapy. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39657220/
  3. Montero-Odasso M. et al. (2022). World guidelines for falls prevention and management for older adults: a global initiative. Age and Ageing. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9523684/
  4. Spink M.J. et al. (2011). Effectiveness of a multifaceted podiatry intervention to prevent falls in community dwelling older people with disabling foot pain. BMJ. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21680622/

Artículo elaborado por José Gabriel Garrido Barragán, podólogo y fundador de GABA Podología & Movimiento, en Pilas (Sevilla). Contenido divulgativo que no sustituye una valoración sanitaria individualizada.


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